Retrato-robot (séptima entrega)
Escrito el 18 julio 2005 por amanda y clasificado como Retrato-robot,

Como todo el mundo sabe, hay cuellos y cuellos. Yo algunas veces no sé exactamente en cuál de las dos categorías encuadrar el mío, aunque, afortunadamente, las diferencias no son básicas. Creo que me inclino por la segunda, la de cuellos, porque no parece tan altiva, tan señorial, tan importante. Y es que realmente la función principal del cuello debe ser la de mantener la cabeza, excepto si es uno de esos días en los que pesa más de lo habitual, debido a circunstancias diversas, y hay que pedir ayuda a las manos para evitar que todo se venga abajo.
Ni corto ni largo, ni ancho ni estrecho, ni fuerte ni débil, con una buena musculatura, provocada por el ejercicio necesario para que la cabeza, casi, pueda moverse en todas direcciones. Mi cabeza no es de las arrogantes, siempre fija en las alturas, un poquito por encima de las demás, sino de las que no dudan en agacharse cuando la ocasión lo requiere, ni es de las que miran continuamente al frente, porque sabiendo que a mis espaldas ocurren un montón de cosas interesante, no tengo ningún reparo en girarla a la menor ocasión.
Debido, quizá, a tanto movimiento, algunas cervicales resentidas (nada que no se alivie con un poco de reposo y un buen masaje).
Y desde el que empieza, sin líneas divisorias, un bonito escote que, hasta hace no muchos años, escondía con pudor.
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