La productividad, esa desconocida.
Escrito el 21 diciembre 2006 por amanda y clasificado como Tradicionario,
Hoy ha estado a punto de armarse la de dios. La empresa a la que dedico mis veinticinco horas semanales de trabajo (mal) remunerado destaca en muchas cosas, aunque no en la cantidad (ni calidad) de sus salarios. Cuando llega final de año, presionados por los sindicatos que recuerdan en estos días de amor y paz que nos representan a todos, tienen a bien repartir ese remanente que siempre les queda de lo que, durante todo el año, no han tenido oportunidad de pagarnos, y es entonces cuando aparece la excelsa figura de la productividad. Que, como todo el mundo sabe, es algo que suele repartirse entre los trabajadores de la manera menos objetiva posible. ¿Que has trabajado bien, sin plantear excesivos problemas, cumpliendo tu horario y alcanzando los objetivos marcados? Se siente. Haber sido más visible. ¿Que te has dedicado (casi) todos los días a pasearte, haciendo como si hicieras, con muchos papeles en las manos, pero poniéndote inmediatamente de cara a la pantalla si has oído el sonido de los tacones de la madre superiora o alguno de sus más fieles acólitos? Bienaventurado, porque, sabiendo ellos que existes, tuyo será el reino de los cielos.
El caso es que ese asunto de la productividad, aunque se reparte en privado, ha de ser hecho público, y hoy, a punto de salir la gente rumbo a la comida de navidad, han llegado por fax las listas de los agraciados. La secretaria, ama y señora del cacharro, podría haber esperado hasta mañana, en pleno fragor de la lotería, para colgarla en el tablón, pero, quizá precisamente porque no tiene demasiadas tablas, o porque ella salía muy bien parada, ha corrido a anunciarlo a los cuatro vientos y, en un segundo, se ha congregado tal cantidad de cabezas buscando hueco que era imposible leer nada. Aun así, los datos más relevantes han sido pronto vociferados por el alborotador de turno. Y casi se ha armado la de dios. Aunque, como suele ser costumbre en estos casos, han gritado más los que menos razones tenían para ello.
Yo ya estaba a punto de fichar. Mi jornada había terminado y ni siquiera iba a la comida, así que nada me retenía allí. Mañana tendré la oportunidad de cerciorarme de que, un año más, no figuro en la lista. Tengo ya tantos trienios que cada vez me extrañan menos cosas de las que pasan en los despachos. Sólo espero que el repertorio de quejas no le haya amargado a la jefa el estupendo menú que ella, por delegación, había elegido. Aunque, como cada año, al final cada cual pague su parte.
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21 diciembre 2006, 22:37
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