Interiores.

Escrito el 26 septiembre 2005 por amanda y clasificado como ,

Estos dos últimos fines de semana no han sido de sol y playa como hubiésemos deseado, sino, debido, especial aunque no únicamente, al mal tiempo, de interiores. De agradables y sosegadas lecturas en el sofá, abandonado durante tantos días de sol y buenas temperaturas, de acabar de ordenar los últimos vestigios del viaje (confieso que soy muy rápida preparando maletas, pero muy lenta a la hora de deshacerlas del todo), y, con ello, ordenar también los recuerdos, que ya saltan por su cuenta, en el momento en que menos te lo esperas, no siempre el más deseado, ni siquiera el más adecuado. Tantas horas de interiores me llevaron también a muchas horas de pantalla, varias de ellas volviendo a mirar las fotos, encontrando algunas que pasaron inadvertidas las primeras veces, recreándome en imágenes que todavía siento cercanas, creyendo oler, incluso, todavía, el aroma del mar. Y de fotos, de recuerdos y de mar es este post. De recuerdos que todavía cosquillean, de fotos que ilustran historias que quiero contar, de mar porque la mayoría de esos recuerdos, de esas historias, lo tuvieron al menos, de fondo.


Ésta, con ser la más contada, posiblemente continúe siendo la más extraordinaria.
Imagínate en una playa casi desierta. Imagínate que para llegar a cualquier sitio has de coger el coche y conducir, al menos, quince minutos. Imagínate que son las doce y media de la mañana y que el agua que llevabas para beber está ya caliente. Imagínate que darías cualquier cosa por una cerveza muy, muy fría. Imagínate que, a tu lado, unos muchachos están discutiendo dónde van a ir a comer, y uno de ellos, para tu regocijo, dice que mejor no se mueven, que en un rato llega el bar y se compran unos bocadillos. Imagínate que le comentas a tu pareja lo que acabas de oír y vuestras risas burlonas se oyen hasta en alta mar. Imagínate que piensas que te vas a dar el último baño, porque ya no aguantas más el ansia de beber y que, mientras nadas, alucinas, viendo cómo se acerca, con el motor ronroneando, el bar.









Imagínate el frescor de la cerveza en tu garganta. Imagínate que, por mucha imaginación que tuvieses, nunca hubieses imaginado que la cerveza, el bocadillo, el gazpacho, incluso el café, te llegasen no hacia, sino desde el mar.


Hoy escribo esto, me sonrío y me refresco mientras fuera, en el jardín, llueve, anochece antes de tiempo, y comienza, el otoño, a dejarse notar.


Comentarios

  1.   Chusbg

    27 septiembre 2005, 02:40

    Increible, como maná llovido del cielo, seguro que si lo sabeis y estais esperando a que vengan, nunca hubieran llegado.
    Hay veces que los hados nos son propicios y pueden con todo, como decía mi abuela, “cuando está de Dios”.
    Por cierto ¿eran caros? si, si ya se que es de las cosas que no tienen precio, pero como dice el anuncio ¿tuviste que usar la Master Card?
    Un abrazo.
  2.   Iris

    27 septiembre 2005, 02:44

    ¿Probaste el gazpacho? Lo cierto es que sin ver la foto hubiera resultado difícil de creer.
    Besos, muchos.
  3.   elbucaro

    27 septiembre 2005, 02:46

    Desde luego es que te encuentras “emprendedores” por todos sitios. Qué gran idea! Por aquí el otoño sólo nos acaricia y el verano se resiste a huir. Besitos.
  4.   Grial

    27 septiembre 2005, 04:27

    Increible!!!
    Pero debe ser una maravilla tomarte el bocadillo, refresco y café sin moverte de la playa ;)
    Un beso :)
  5.   pau

    27 septiembre 2005, 06:22

    Ja ja ja… Sabes Amanda? Yo conozco a este tipo, es muy simpático. Has ido alguna vez al “Beirut” a comer una “pita”?
    Si no has ido nunca, te invito y nos verás allí cachondeándonos entre nosotros, es muy sano.
  6.   Ernesto

    28 septiembre 2005, 09:12

    Cada playa, una “oportunidad de negocio”. País. Y, no obstante, la anécdota es simpática. Y evocadora. ¡Qué ganas de verano!. Y lo que falta…

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