Integral.
Escrito el 17 mayo 2006 por amanda y clasificado como Quisiera…,
Después de un año de exhibirte todos los días, llega un punto en el que piensas que ya no tienes nada más que enseñar. Que todo el que te ha observado regularmente a lo largo de esos 365 días en algún momento ha de perder el interés, viendo el espectáculo, cómo no, repetido, porque sabes, te lo han dicho tantas veces, que la historia se repite. Y si ese aforismo es aplicable a la Historia así, en mayúsculas, cuánto más no lo será a esa historia propia, a esa cotidianeidad con la que te recreas cada día. Sigues insistiendo, no obstante, porque te pierden las ganas de hacerlo, aun siendo consciente de que, no sólo no tienes una vida exterior rica, repleta de experiencias enriquecedoras y contables, porque no vas al cine ni al teatro, apenas ves la tele, por lo que no estás al tanto de las novedades, no sueles ojear revistas ilustradas, no viajas…(sobre ese punto, no es esa toda la verdad, porque, de alguna manera, sí que viajo. En realidad he estado no hace mucho en Venecia, en Bretaña, en Brooklyn, en Mágina y en algunos otros lugares a los que me han trasladado los libros que últimamente estuve leyendo) sino que incluso presumes, algunas veces, de no tenerla y seguir, sin embargo, en la brecha.
Así que dejas pasar, apenas sin darte cuenta, pero ya con algunas dificultades, otro año más, haciéndolo, eso sí, cada día un poquito mejor, y observas con atención tus estadísticas, viendo cómo crecen y crecen los visitantes, no sólo los esporádicos, sino, incluso, los que se quedan. Aunque incluso así, te cuesta. Hasta que, un día, y después de que te repitan una y mil veces que lo haces bien, y que, por lo tanto, debes valorarte un poco más, llegas a la conclusión más lógica. Que, aun cuando empezaste como un juego esta pequeña aventura de escribir un rato todos los días, siendo consciente de que, aunque lo dijeras, no lo hacías sólo para ti, ahora realmente tienes un público que asiste, la mayor parte de las veces en silencio, a ese espectáculo del desnudo, casi integral, con el que disfrutas a diario. Y porque se nota que tú misma lo disfrutas, puede llegar a convertirse, también, en un placer para los visitantes.
Este post estaba medio preparado para publicarse el día del segundo aniversario del blog. Surgió el otro, que me pareció más espontáneo, y dejé que se fuera quedando atrás en los archivos. Hoy, buscando otra cosa, he tropezado con él. Entre borrarlo y publicarlo, la elección ha sido obvia. La realidad es que me gusta escribir ‘en vivo y en directo’, aunque la alacena contenga algunos borradores a medio elaborar para los que nunca encuentro el día. Una vez pasado el momento, parecen menos sinceros, más traídos por los pelos, y allí se van quedando, almacenando polvo, hasta que los saco del panel y los archivo en otro lugar más escondido. No sé por qué ahora explico esto. O quizá sí lo sé. Porque a estas horas de la noche del martes, me apetecía aporrear un rato las teclas y lo que realmente quisiera escribir, por el momento, no puedo hacerlo. El mundo visible me ha atrapado en un asunto que no me va a dejar dormir durante algunas noches, hasta que, entre las cuatro, encontremos la solución más adecuada, y, con la recuperación, en bruto, de ese proyecto de post, me doy yo misma una tregua.
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17 mayo 2006, 10:16
17 mayo 2006, 20:38
18 mayo 2006, 00:31
18 mayo 2006, 02:25
18 mayo 2006, 20:22