Para amanda.
Escrito el 21 diciembre 2005 por amanda y clasificado como Regalito con lazo, Amigables colaboraciones
P.
El tren va frenando mientras entra en la estación.
El viajante baja su maleta y se dirige a la salida. Nunca había estado allí. El tren siempre pasaba de largo en su viaje a París. Ahora tiene que bajar por una avería y esperar otro tren. No importa que no la conozca. Es una estación más. Ahora todas le parecen iguales. Pronto le llegó la rutina en su profesión.
Ha tenido que aprender a entretenerse con la gente. Cuando el tren se va, mira hacia el otro lado y ve de pie a un montón de viajeros como si fuese el resultado de un carrusel que acaba de parar. Como si un ser superior hubiese girado un caleidoscopio y ahora viese el resultado de ese azar. Unos cuantos hombres, unas cuantas mujeres, algún niño. Un perro. Unas veces mucha gente, otras veces tres personas. Siempre con colores muy diversos, grises, rojizos, azulados.
Pero esta vez el carrusel ha tenido un resultado perturbador.
Se ha ido el tren y al otro lado sólo hay una mujer.
Como él, estaba esperando a que el tren se fuese para ver el otro
lado. Pero se acaban ahí las semejanzas. Mientras él viste traje gris, ella lleva un vestido de colores chillones, descoloridos,
extravagantes, tropicales. Mientras él va arreglado impecablemente, ella luce un maquillaje estridente. La boca con un rojo que supera los labios. Los ojos con una pintura que no llega a tapar unas grandes ojeras.
El viajante peina con gomina, ningún pelo díscolo se separa de los
demás. Ella no tiene dos mechones juntos. Se confunden ondas,
tirabuzones y rizos. Él tiene un aspecto serio, formal. Ella tiene una gran arruga en la boca resultado de una sonrisa perpetua.
De repente él sonríe. La conoce. Estuvo allí hace mucho tiempo. No lo recordaba. Estuvo cuando era joven y aún no trabajaba. Nunca fue más feliz y sin embargo lo había olvidado.
La sonrisa de ella se apaga. Había reconocido al primer instante su cara pero ahora veía a un hombre gris, agobiado por el trabajo como tantos otros. Gente como él veía a centenares todos los días.
¿Qué había sido de la Locura? Con un susurro que no llegó al otro andén
“No” “Tú no eres quien yo espero”
A Jose no debió gustarle el regalito del año pasado, porque ha preferido hacerlo al revés. Esta vez el regalito es de él para amanda.

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21 diciembre 2005, 14:54
21 diciembre 2005, 18:24
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