Un desayuno sano.
Escrito el 30 noviembre 2005 por amanda y clasificado como Amigables colaboraciones,
Probablemente hoy encontréis esta página algo húmeda y muy manoseada, queridos paseantes. No es un problema de cañerías, sino de mis llorosos ojitos, que no pueden evitar derramar unas emocionadas y agradecidas lagrimitas cada vez que paso por aquí. Peluche me ha hecho este precioso regalo de cumpleaños y ha conseguido ponerme tierna, muy tierna.
Un desayuno sano ha de ser equilibrado, debe estar elaborado con productos frescos y del tiempo, que se digieran con facilidad y no nos sobrecarguen.
Por eso me gusta tanto desayunarme cada mañana con Amanda.
Desayunar con ella es la mejor y más excelente manera de desperezarse y romper con suavidad el ayuno de toda la noche; es saludable y divertida, no tiene conservantes ni colorantes y, sus altas concentraciones de honestidad y sinceridad, hacen que sus beneficios superen ampliamente a cualquier “pseudo-pisico-dieta-mediterranea” de ésas que nos suelen vender en plena explosión de marketing entre los ininteligibles anuncios de coches, (¿pero por qué son tan raros los anuncios de coches?)
Da igual lo que uno busque, “siempre nos quedará París” es como aquellos primeros multicines que abrieron en provincias, (uno es de provincias). Su dueño, cinéfilo empedernido, había creado un pequeño refugio de magia, no sólo quería proyectar “cine” sino que se notaba que lo amaba, que lo respetaba, que quería que lo disfrutáramos de verdad. Durante mucho tiempo no importaba saber qué película exactamente queríamos ir ver, bastaba con ir a los “minicines” y elegir al azar, con toda confianza sabíamos que si la película la ponían allí, no nos iba a defraudar,
Con Amanda pasa lo mismo, uno puede recorrer cualquier rincón de su página sabiendo que siempre, siempre, va a encontrar algo que merece la pena.
Sólo tiene un fallo, un gran fallo: es mujer (nadie es perfecto que decía el otro) y eso es algo imperdonable. Sé que soy irracional y tremendamente injusto con esta afirmación, y en mi defensa sólo puedo alegar que mi misoginia crónica es una “enfermedad” y no un “vicio”. Una enfermedad, por cierto, en la que ya empiezan a aparecer signos esperanzadores de mejoría, doscientos miligramos por vía intravenosa de Amanda cada mañana están empezando a obrar el milagro.
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30 noviembre 2005, 10:56
30 noviembre 2005, 15:01
30 noviembre 2005, 17:43
1 diciembre 2005, 23:24