Diversión en el trabajo.
Escrito el 1 abril 2008 por amanda y clasificado como Cajón desastre,

Por las mañanas leo 20 minutos en la oficina mientras se me enfría el café de máquina recién hecho. No debo ser la única, pues las noticias curiosas que suele llevar ligeramente camufladas entre titulares más serios resultan ser las más comentadas cuando, ya ingerido el café, nos reunimos el cada vez más pequeño grupo de fumadores en la gran ventana que queda justo delante de los baños.
Después del despilfarro de energías de ayer, cuando la mayoría llegamos – en un día semifestivo, el primero en levantarnos con la hora cambiada a la misma hora de antes de que la cambiaran – bastante damnificados al trabajo, nos ha sentado especialmente bien poder echar unas risas a costa de este titular. No sólo porque esos dos términos suelen ser incompatibles sino también porque, estando a punto de alcanzar las fechas límite de actividad para la empresa, empiezan a surgir las rencillas propias de los que se consideran, un año más, ninguneados al verse excluidos en la lista de los que van a disfrutar ¡¡¡haciendo horas extra por las tardes!!! que yo, y ya espero que me perdonen, considero más un castigo que un premio, aunque tengo muy asumido que para los gustos están los colores.
Pero bueno, que yo me lo he tomado en serio (tan en serio como pueda ser tomado el tema siempre polémico de los días de… ) y me he propuesto divertirme. A mi manera, como suelo hacer la mayoría de las cosas a poco que me lo permitan. Le (me) he hecho el favor de cambiar la tarea por un día a un compañero y me he puesto toda la mañana en atención al público. Con una gran sonrisa, de la clase de las que sólo se sacan cuando sabes que en cualquier momento puedes escapar de allí y esconderte de nuevo en tu madriguera. Hacía mucho tiempo que había perdido la costumbre del trato con los clientes y creo que todos hemos salido satisfechos. Mañana volveré a mi soleado escondrijo, pero me queda la enorme ilusión de haberle vuelto a ver cara a cara, de la alegría que ha demostrado por el reencuentro y la felicidad de haberle escuchado decir que me había echado de menos. Y yo a él, para qué vamos a engañarnos, que caras tan guapas encima de hombros de personas tan simpáticas no suelen verse a menos que te arriesgues a pasarte toda la mañana divirtiéndote atendiendo los variopintos asuntos que suelen pasar a diario por la oficina.
Comentarios
comentarios desactivados para este artículo

2 abril 2008, 09:05
2 abril 2008, 20:26
2 abril 2008, 22:40