Sin rencores. (Cablemanías parte II)
Escrito el 26 marzo 2008 por amanda y clasificado como Cajón desastre,

Podría parecerlo por los comentarios, lo de los rencores, digo, aunque te aseguro que mi informático favorito esta vez está equivocado. Porque en realidad no había rencor en mis palabras. Ni siquiera llegaba a estar enfadada, así que posiblemente no me expresé con claridad.
La situación resultó caótica porque en unas oficinas en las que a duras penas cabemos los que solemos ir todos los días y en la que yo he encontrado, no sin mucho esfuerzo, el rincón ideal en el que trabajar a un ritmo pausado aunque sin descanso y produciendo lo suficiente dadas las condiciones, la de ayer resultó ser una jornada complicada no sólo porque se metieron en los despachos un grupo de informáticos revoltosos y frenéticos con opiniones dispares sobre cómo se debía (y a qué velocidad) ejecutar las instrucciones que les habían dado desde la central para que todo quedase dispuesto, conectado y enchufado en el menor tiempo posible. Y porque, por experiencia, no nos fiamos de ellos, hay que vigilarles, utilizando para ello cualquier excusa, como por ejemplo la de ir facilitándoles los cables según los vayan necesitando. Y acabas pringando. Así, yo, que ayer llegaba descansada, feliz y sonriente después de unos estupendos días de vacaciones y que procuro mantenerme lo más alejada posible de máquinas y maquineros me vi involucrada en cuanto fiché en lo que menos deseaba hacer y acabé, como puedes imaginarte, pringando.
Y eso, corazón, no sé en tu empresa cómo funciona, pero en la mía puede considerarse un desafío. Cuando una regresa se le respeta el día de toma de contacto. Se le pregunta amablemente por las vacaciones, se le alaba el buen aspecto, se le invita a café y se la deja tranquila la primera parte de la mañana, que bastante desgracia tiene con haber vuelto tan pronto. Espero que lo vayas comprendiendo…
Y bueno, que la persona que tuvo la genial idea de que fuese yo precisamente la elegida en ese momento y lugar algún día se irá de vacaciones. Y volverá. Y yo estaré encantada esperando la oportunidad para ofrecerle algo especial… aunque, de eso puedes estar seguro, sutilmente y sin rencores.
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