Santa semana.
Escrito el 19 marzo 2008 por amanda y clasificado como Cajón desastre,

Me dijeron que podía contar con la wi-fi, por lo que a última hora metí el portátil en la maleta, aunque he dudado mucho antes de sacarlo de su estuche protector. Aquí y ahora los días son largos, fríos, reposados, de exteriores amplios y silenciosos, sosegados, repletos de muchas horas de conversación y lectura amena. También de bonitos momentos de contemplación e indolencia, que en la casa sólo estamos los mayores y apreciamos esa riqueza espiritual en lo que realmente vale.
Dejé atrás la húmeda primavera mediterránea para instalarme en el seco invierno castellano que tan pocas veces he tenido ocasión de disfrutar. Mis pulmones y mis bronquios lo agradecen, por lo que mi organismo está recuperándose de la habitual falta de oxígeno, tantas veces desperdiciado en las últimas semanas. Me levanto temprano sin ningún esfuerzo después de unas larguísimas veladas porque el frío y la soledad de la mañana estimulan la mayoría de mis sentidos. Después del reconfortante desayuno, que hago en varias etapas, acompañando al resto de los habitantes de la casa según van amaneciendo, paseamos con o sin propósito determinado. El pan y el periódico son excusas suficientes para bajar al pueblo y tomarse otro café en cualquiera de sus confortables y cálidos bares. Como la vuelta a casa es un poco más dura a causa de la acusada pendiente, solemos hacerla en cortas etapas con paradas estratégicas en las que recuperar la respiración que el tabaquismo nos ha ido recortando. Día a día vemos cómo se van llenando las calles de gente que, como nosotros mismos, aprovecha estos escasos días festivos pre-primaverales para intentar olvidarse de todos los malos momentos que el invierno en la ciudad conlleva. Las mías fueron programadas casi como unas vacaciones de jubilada, en balneario de lujo y buena compañía, que de vez en cuando rompe el estridente sonido del teléfono. Afortunadamente, sé que no soy la destinataria de la llamada, porque la cobertura de mi móvil murió en el mismo momento en que puse pie en el valle.
A pesar de no esperar nada, no llego a estar a gusto del todo con la desconexión y echo una ojeada al exterior a través de la red. Y no encuentro a casi nadie. Parece como si el mundo se detuviera en semana santa, justo en el momento en cada uno de nosotros, después de una largo viaje – en algunos casos iniciático – llegamos al destino con el que llevábamos meses soñando.
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19 marzo 2008, 23:40
20 marzo 2008, 20:20
21 marzo 2008, 14:32