A dieta.
Escrito el 24 febrero 2008 por amanda y clasificado como Déjame que te cuente…,

El médico me ha puesto a dieta. Un poco de colesterol por aquí, unos triglicéridos por allá y un par más de elementos discordantes en un completo análisis de sangre fueron suficientes para que me hiciese una lista de alimentos que sí, otros que tal vez y los más que no, que me ha obligado no a cambiar lo que ya comía, sino a hacerlo de otra manera, ayudada por los consejos de un nutricionista. Y reforzarlo con ejercicio moderado para perder algún que otro kilo. Bueno, eso me lo he propuesto yo, ya que voy a tener que adaptarme a las nuevas costumbres.
Ahora, por ejemplo, desayuno como antes nunca lo había hecho: sentada a la mesa, café con leche, zumo de naranja, tostadas, mermelada, queso fresco y algún que otro fiambre ligero. Todo ello después de unos minutos de ejercicio que de momento, hasta que haga mejor tiempo para salir a hacer una caminata matutina, suplo bajando y subiendo un par de veces los cuatro pisos de escalera. En pijama, porque sé que no voy a encontrarme con nadie por el camino. A continuación, una ducha ligera y al tajo caminando. Bueno, eso ya lo hacía antes, y apenas son diez minutos, pero lo cierto es que ahora me resulta tan corto el trayecto que seguiría unos minutos más. No sé si es porque lo hago con un ánimo diferente o porque en realidad no me apetece nada meterme en la oficina cuando ya se advierte el día, especialmente si deja adivinar que va a ser uno de los radiantes que algunas veces nos ofrece el invierno en la costa.
Pero hablaba de la dieta. Está compuesta por cinco comidas diarias, de las que no conviene saltarse ninguna. Todas ellas especificadas con un menú diferente para cada día de la semana que hay que seguir casi a rajatabla. Y ahí es donde encuentro la mayor dificultad. Y escucho las burlas de la nena que, aunque no tiene ningún reparo en llamarme gorda cada vez que nos vestimos al mismo tiempo, cree que me la he inventado para pasarme el día con algo entre los dientes. Porque yo, te lo aseguro, nunca antes, ni en los peores momentos de ansiedad, había comido tanto ni había dedicado tanto tiempo a pensar en la comida. Incluso lo comenta con las amigas – desde que tenemos la wii han pasado por aquí casi todas las de la clase – cuando, a media tarde, que a mí, según la dieta, me toca, les ofrezco algo de merienda.
Y bueno, que ya no puedo dedicarle más tiempo al blog, que ya he de ir pensando en lo que almuerzo, que han pasado más de dos horas desde el desayuno y – creo que ya te lo había dicho – no puedo saltarme ninguna de las comidas establecidas en mi fantástica dieta.
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24 febrero 2008, 14:19
25 febrero 2008, 23:23