Sube y baja.

Escrito el 30 enero 2008 por amanda y clasificado como ,

Jugando en pareja en un balancín se sube y se baja alternativamente, con muy poco esfuerzo, si a ambos extremos de la tabla hay un peso semejante. Cuando uno de los lados se queda vacío, del otro sólo se baja, se baja, se baja… y lo único que se te ocurre desear la mayoría de las veces es – ya que va a acabar la diversión del subibaja – que al menos no te dejen caer con demasiada brusquedad. Se puede jugar un tiempo a solas, impulsando el balancín con las fuerzas de tus propias piernas, pero además de que no sueles subir a la altura deseada puede llegar a resultar un ejercicio tan cansado como poco gratificante.


Comentarios

  1.   GWYDIR

    30 enero 2008, 21:58

    Me ha encantado el símil, es tal cual, además como te dejen caer con mucha brusquedad el golpe puede ser tremendo, pero esas magalladuras también desaparecen. Besos

  2.   servidora

    31 enero 2008, 23:33

    Ya, pero… ¿has visto? Los columpios están libres y no tienes que pelearte con nadie para pillar uno ;-)

  3.   Vanadis

    1 febrero 2008, 11:36

    Y si has de esperar un poco por un columpio, tienes patinetes, bicicletas, la playa o la piscina, las camas elásticas que subes hasta el infinito y más allá, correr, cantar, bailar, pescar, pintar, los zancos, y más cosas que te llenaría todo el espacio

    Besos

  4.   elojocondientes

    2 febrero 2008, 06:47

    es cierto: los columpios están libres… y qué tristeza que dan ahí solitos. Ay querida Amanda, qué decirte más que mandarte un fuerte abrazo y que sepas que aquí en el sur tienes un amigo que con gusto te daría un empujón para que llegues a las estrellas. Besos.

  5.   Oralgina

    2 febrero 2008, 16:45

    Ojalá que siempre encuentres algún navegante dispuesto a darle el impulso necesario a tu balancín…el mio hoy subirá un poquito gracias a esas margaritas que encontré en tu ventana….feliz impulso navegante!.

  6.   Athe

    3 febrero 2008, 10:15

    Nunca me gustó mucho el balacín casi siempre pasaba miedo por si al otro lado se le ocurría saltar sin previo aviso, así que casi nunca me subía.
    Cuando me subí procuré hipnotizar al del otro lado para que así, si no dejaba de mirarme no se bajase.

    No, decididamente nunca me gustaron los balancines.

    Besos.

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