Básicamente, lloro.

Escrito el 27 enero 2008 por amanda y clasificado como ,

bailando

Una de las cosas que hacemos juntas últimamente la nena y yo es ver la tele después de comer. Esa era la hora que yo antes, pero mucho antes, dedicaba a bloguear porque solía ser mi mejor momento del día. Ahora la verdad es que ese mejor momento lo he perdido de vista y casi en ninguno de los que paso despierta me apetece dedicarme a alguna actividad. Por eso no me cuesta ponerme delante de la tele encendida. A esas horas – como a cualquiera otras – la programación es no sólo nefasta sino, la mayoría de las veces, peor. Como dado mi estado actual lo que más bien me sienta es embrutecerme un poco nos ponemos a ver Fama ¡a bailar! sin discutir demasiado el programa que a cada una le apetece más ver para acabar de hacer la digestión. Y lo vemos de manera tan diferente que algunas veces pienso que nos separa algo más que la edad en la forma de entender las cosas.

Ella atiende, intenta los pasos, escucha la música, impreca a los concursantes y a los profesores, repite como un lorito las consignas características de cada uno de ellos, se emociona con los resultados, discute las nominaciones. Yo, básicamente, lloro.

No porque, de tan previsible, consiga predecir los movimientos de cada uno de los personajes. Tampoco porque me deprima escuchando los argumentos que, sin demasiadas palabras, van intentando – que no siempre consiguiendo – desgranar para explicar cada uno de esos movimientos. Ni siquiera porque me parezca sobrehumano el esfuerzo que, semana a semana, van haciendo para conseguir quedarse en el programa, a pesar de que la mayoría de ellos parece no desear en realidad estar allí, haciendo el paripé en un concurso en el que algunos se atreven a afirmar que ya está todo decidido.

Es peor. Lloro porque les veo llorar. Me emociono porque les veo emocionarse, aun suponiendo que ellos sólo actúan, porque son conscientes de que siempre hay una cámara encendida grabando para emitir después los mejores momentos. Y eso, aunque me preocupa, también creo que me ayuda. Porque llevaba tanto tiempo sin derramar lágrimas que corría el peligro de encharcarme por dentro. Y porque estas lágrimas, siendo sinceras, no son en absoluto emotivas. Pero van agotando las reservas. Lo que me da la excusa perfecta para mantener los ojos secos cuando necesito dar la impresión de serenidad absoluta. Que sigue siendo más a menudo de lo conveniente. Y parece que funciona.


Comentarios

comentarios desactivados para este artículo