I love Paris every moment.

Escrito el 18 enero 2008 por amanda y clasificado como ,

I love Paris in the spring time
I love Paris in the fall
I love Paris in the winter when it drizzles
I love Paris in the summer when it sizzles

I love Paris every moment
Every moment of the year
I love Paris,
why oh why do I love Paris
Because my love is here

Cole Porter.

Yo no canto ni en la ducha. Y menos con la chicharra de voz que se me ha quedado después de estos días griposos de fiebre. Aunque para todo hay excepciones. Esta canción. La tengo grabada en mi pequeño iPod en cuatro versiones diferentes, y cada vez que suena me escucho tararearla. Por fortuna, acompañando la chicharra de voz que tengo, el resfriado me ha dejado los oídos medio taponados. Gracias a eso apenas me oigo, pero me siento. Y sé que lo hago, más que mal, de una manera espantosa. Ahora ya no hay problema. Ella me ha hecho llegar un CD con un montón de canciones que se me meten en los oídos, porque las pongo a todo volumen cuando estoy sola en casa. La última, que, a pesar de que la mayoría me entusiasman, estoy deseando que llegue, es ésta. (Sí, ya sé que se pueden ir pasando hasta llegar allí, pero cada una tiene una manera de escuchar música y la mía es precisamente el hacerlo en orden. Que vayan sonando, que ya llegará).

Pero no era eso lo que quería explicar cuando me he sentado a escribir. Aunque también. Que adoro este parís, pero que en algunos momentos me siento como si ya no estuviese en casa. Es esa sensación de no tener nada que decir. O la contraria, de necesitar decir muchas cosas y considerar que ésta puede que no sea la mejor manera de hacerlo. En los últimos meses he sido el blanco perfecto. Me llegaban un montón de estímulos, la mayoría de ellos contradictorios, a los que ni siquiera me atrevía a hacer frente porque realmente me encontraba en una situación complicada, en la que tenía que decidir si lo mío – lo que me ocurría muy por dentro – se debía al duelo o al alivio. Las cosas se van aclarando (no hay mejor medicina que el paso del tiempo) con la ayuda desinteresada muchas veces de actitudes ajenas, que ayudan a comprender tantas y tantas cosas para las que jamás había encontrado explicación. Cada uno se va poniendo en su sitio y eso simplifica la recepción de los mensajes. Los directos y los subliminales, tan sutiles, hábiles, perversos, maliciosos y enigmáticos que nunca puedes estar segura de que realmente han sido enviados. A gusto del consumidor, vamos.

Y me vuelvo a dispersar, lo siento. En la última semana he mantenido unas conversaciones para las que hace unos días no me hubiese sentido todavía preparada. Con la nena especialmente pues, al estar las dos malitas, hemos pasado muchas horas de fiebre juntas. Pero también con otras personas que realmente querían hablar conmigo. Créeme, cuando has pasado media vida pensando que tu voz era inaudible es muy gratificante darte cuenta de que habías estado equivocada todo ese tiempo. He escuchado reproches (esperados reproches) pero también piropos, palabras de ánimo y de reconocimiento, muestras inequívocas de cariño, coincidencias desinteresadas, fantasías cómplices, pequeños proyectos a tan corto plazo que se escapan si no los sujetas bien entre los dedos… en fin, que he disfrutado. Hablando y no sólo escuchando. Siendo yo misma.

Yo he asegurado tantas veces que escribo porque no me gusta hablar que en días como hoy quizá debería pedir disculpas por el (auto)engaño. También es cierto que he empezado a escribir porque quería decir que no tenía demasiadas ganas de escribir y me ha salido la jugada casi redonda. Más palabras por minuto que la última vez que me propuse escribir un rato todos los días. Contradicciones sin sentido a las que tendré que poner fin de alguna manera o me arriesgo a quedar en el más absoluto de los ridículos. Pero bueno, si tienes en cuenta que la que está de este lado de la pantalla es una mujer de cincuenta y tres años que ha empezado a recuperar su vida hace tan sólo unos meses quizá puedas perdonar este despilfarro de ideas sin conexión aparente. Porque es posible que, si has llegado hasta aquí leyendo con el mismo cariño que derrochas en mí casi a diario, descubras que debajo de este galimatías de pequeñas confesiones casi sin sentido se esconde una verdadera emoción de redescubrimiento de sensaciones casi olvidadas.


Comentarios

  1.   servidora

    18 enero 2008, 22:50

    Contradicc…qué?

    Firmado: una que ha llegado hasta aquí riendo con lágrimas en los ojos :-)

    Te quiero, resalada… :-D

  2.   princesa

    19 enero 2008, 11:54

    Me ha encantado leerte, mujer de cincuenta y tres. Enhorabuena por el renacimiento. Traduzco de lo que has escrito que has levantado el vuelo, después de que una de tus alas se rompiera o te la rompieran.

    Un abrazo

  3.   Jesús

    20 enero 2008, 17:28

    Siempre he admirado a las personas valientes
    como tú. Un beso.

  4.   yabu

    20 enero 2008, 18:28

    jejeje ;)
    Ya nos irás contando.

  5.   neogurb

    21 enero 2008, 13:22

    Lo mejor de las crisis es que nos dejan escamondados y livianos. Como una buena dieta (o una buena diarrea), nos quedamos con lo esencial y salimos con una sensación de renovación, y de que lo demás se marchó por el retrete.

    ¡Viva!

  6.   Petrusdom

    26 enero 2008, 18:12

    De sensaciones se alimenta nuestra memoria, pero sólo cuando se escriben nacen a un mundo desconocido para el autor y nuevo para el lector, que como yo, te seguimos de tarde en tarde.
    Recibe un cordial saludo

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