Rehabilitación de fachadas.

Escrito el 3 enero 2008 por amanda y clasificado como ,

En el mismo momento en que ha dejado de llover han empezado a oírse ruidos extraños en el edificio. No me he asustado porque no soy de miedo fácil pero, teniendo en cuenta que ésta es la única vivienda ocupada desde hace al menos un mes y que estoy completamente sola, sí me he preocupado por averiguar de dónde venían esos poco habituales sonidos. Aunque debí haberlo imaginado. Ayer, antes de que se pusiera a llover, había un gran despliegue de útiles de pintura en el portal y dos muchachotes observando la fachada.

Veo subir y bajar la plataforma y me siento observada, como dentro de una pecera sin agua. Me gusta tener las ventanas abiertas y las cortinas suelen estar recogidas a los lados para que entre toda la luz posible. He arreglado un poco la casa y me he sentido ridícula haciéndolo. He tenido que vestirme pronto y salir a la calle porque me parecía que estaban invadiendo mi intimidad. Hace unos minutos, sentada en el sofá leyendo la prensa, me daba la sensación de que había alguien conmigo, leyendo por encima de mi hombro. Y eso sí que me cuesta consentirlo. He dejado el periódico y me he refugiado aquí, en el rincón de escritura, intentando distraerme mirando por esta ventana. Pero me resulta difícil porque les escucho hablar y, sabiendo que aquí es casi imposible que me vean, pienso que soy yo ahora la que, de alguna manera, está curioseando a escondidas.

Soluciones, necesito soluciones inmediatas, porque maldita la gracia que me hace que, la primera semana que me tomo vacaciones este año, tenga que estar pendiente de nimiedades tales como levantarme temprano, vestirme y lavarme con prisas y andar deambulando por la casa con una sonrisa por si la plataforma se detiene precisamente en ese momento delante de alguna de mis ventanas. Eso o bajar las persianas.

Pues no, creo que voy a poner la música fuerte, prepararme el pollo al limón con patatas asadas que tenía previsto para comer hoy y desear que vuelva a llover para que, al menos, me permitan hacer la siesta sin sobresaltos. Y, si no llueve y vuelven dentro de un rato, llamar a la empresa a ver si es posible hacer un casting para, ya que voy a tenerlos rondando un par de días, elegir a otro par de muchachotes que restauren algo más que fachadas en decadencia.


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