Pequeños grandes placeres.
Escrito el 2 enero 2008 por amanda y clasificado como Cajón desastre,

Hacía tiempo que no salía de la bañera con los deditos arrugados.
Encendí el calefactor, abrí el grifo del agua caliente, dejé caer unas bombas de aceite aromáticas y, cuando ya estaba la bañera lista, prendí unas velas, me quité el pijama que llevaba puesto desde la noche anterior y despacio, muy despacio, me dejé caer dentro del agua. Apoyé la nuca en una almohadita y cerré los ojos. Un placer de diosas que lo es más cuando no suele disfrutarse a menudo.
Pensé en salir cuando el agua empezaba a enfriarse, pero aún me demoré unos minutos. Después, con el cuerpo todavía caliente, un automasaje con crema hidratante y un pijama limpio. Una cervecita acompañada de guacamole para dipear se convirtió en el punto (y seguido) perfecto para cerrar la primera tarde del año.
Para estos cinco días de vacaciones que tengo por delante creo que he quedado con demasiada gente para hacer demasiadas cosas que no sé muy bien si me apetecen. Lo próximo, pues, va a ser confeccionar una lista de preferencias y que se quede pendiente lo que se quede pendiente. Me desearon que este fuese el primer año de los mejores de mi vida, así que no sé si me conviene empezarlo con agobios superfluos.
Ahora mismo sólo sé qué es lo próximo: un desayuno tardío de domingo – en mañana de miércoles – con un delicioso café con leche recién preparado y unas tostadas con mantequilla y esa mermelada casera de sandía que todavía tengo pendiente. Lástima que no me apetezca vestirme todavía para salir a por un periódico con que acompañarlo.
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