El iPod, las canciones y los duendes.

Escrito el 27 diciembre 2007 por amanda y clasificado como ,

El día anterior a mi cumpleaños pasé toda la tarde haciendo cosas feas: bajar canciones al portátil para poder escucharlas en el iPod al día siguiente. Las que me habíais ido dedicando y algunas otras que forman parte de mi corta, pero intensa, memoria musical. Así que en cuanto, cumplido el trámite de apagar las velas, pude abrir el paquetito que contenía mi autorregalo conecté ambos dispositivos para poder empezar a disfrutarlo.

Como mis trayectos son cortos apenas si llego a escuchar diez o quince minutos de música a diario, por lo que, hasta hace unos días (que recordé – al subir al autobús – que lo llevaba en el bolso) no había tenido ocasión de oír más que una mínima parte de las canciones. El día estaba triste, lluvioso y húmedo y los ánimos de las dos viajeras no le iban demasiado a la zaga a la melancolía del ambiente así que, cuando sonó el primer fado me arrellané malamente en el incómodo asiento y cerré los ojos dispuesta a dejarme llevar por la ensoñación y la dulzura de la voz y de la música. Duró poco, porque a continuación subió el volumen y me encontré enérgicamente transportada a otro tiempo, a otro lugar, a otras palabras y a otros recuerdos. No reconocí la canción, aunque posiblemente la habría escuchado en alguna otra ocasión porque me sonaban el ritmo y el estilo. Me resultaba tan familiar que estaba segura de que yo no la había bajado. Me entró la neura (esa que me da de vez en cuando de que alguien trastea con mis cosas) y la repetí varias veces durante el resto del viaje, pensando que quizá así me llegase la inspiración para averiguar cómo demonios se había colado hasta allí.

Hasta que, pasados dos días, volví a casa y abrí el itunes para hacer un barrido en busca del título de esa canción cuya existencia tanto me había inquietado. Lo encontré a la primera. Por supuesto que me sonaba, conocía de sobra al grupo, aunque, ahora estoy segura, esa canción yo no me la había pedido. Los duendes, que vuelven a hacer de las suyas en cuanto cierro la puerta por la mañana a mis espaldas.

Demostrado, pues, que saben dónde encontrar incluso las cosas más escondidas en el portátil, aprovecho la ocasión para pedirles que, la próxima vez que se acerquen por aquí, me hagan el favor de, además de trastear en lo que les apetezca, dejar la casa limpia, que yo no tengo demasiadas ganas de ponerme a ello. Como a casi nada, ahora que lo pienso.

PD: la imagen la he copiado aquí.


Comentarios

  1.   velvetinna

    1 enero 2008, 19:05

    Qué gracia, a mí también me da por pensar a veces esas cosas… pensaba que era la única.
    Un beso.

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