Ultima llamada.
Escrito el 22 diciembre 2007 por amanda y clasificado como Cajón desastre,

Ayer por la mañana murió mi teléfono móvil. Ya llevaba unos días renqueando pero yo – que de consumista fatal había pasado casi a ahorradora compulsiva – me insistía a mí misma, cargándole la batería a diario, en que seguro que había una solución mejor que comprar uno nuevo, especialmente ahora que están las tiendas tan llenas de gente que se puede fácilmente perder toda una tarde en el intento. Pero, dadas las circunstancias, no me quedó más remedio que abrigarme, armarme de valor, rescatar la visa de las profundidades del cajón en el que la había enterrado, ponerme las botas y coger el paraguas y salir a la ventura de la última tarde del otoño dispuesta a encontrar un teléfono móvil que me permitiese básicamente estar comunicada vía voz y sms.
Sabiendo no sólo que me resultaría difícil sino que además sería contemplada como un espécimen extraño cuando, delante del mostrador, especificase mis preferencias, empecé por la distribuidora de movistar más cercana a mi casa. Dos niñas monísimas que no perdían la calma ante la avalancha de gente dispuesta a comprar el último modelo de terminal (ése que todavía no se vende en España) atendían sin prisas las demandas, sacando de las vitrinas prototipo tras prototipo de los más sofisticados, reducidos y multifunciones teléfonos recién llegados para ser consumidos gracias a la paga extra que a todos nos hace un poco derrochadores. Me cansó tanta sonrisa y complacencia y, aprovechando que en ese momento no llovía, decidí probar suerte en otro sitio. Desde la calle ya comprobé que sería imposible que allí me atendieran, así que seguí caminando en busca de esa tienda que no estuviera a rebosar. Cuando de repente recordé que en la oficina de correos, que queda detrás de la oficina, existe un pequeño rincón telecor dedicado a esos menesteres. Que no solía tener mucho público porque a nadie se le ocurre ir precisamente allí en busca de algo que no sean sellos.
Siendo una tienda de El Corte Inglés, disponen de un bastante amplio catálogo de ofertas, por lo que resulta sencillo echar una ojeada al papel antes de pedir ése que, por diseño, te ha entrado por los ojos. Eso fue lo que hice, que tampoco ha de ser tan complicado elegir el teléfono móvil que te ha de acompañar a diario durante los próximo dos o tres años, que es el tiempo que me suelen durar a mí los aparatitos en cuestión. Y elegí. Costaba un poco más de lo que pensaba gastar pero, además de que era de una marca que me merece confianza, tenía un tamaño ideal y no especificaba que sirviera para nada más que para cubrir las necesidades básicas de comunicación que yo buscaba.
Pues me equivoqué de medio a medio. Es teléfono, sí, pero además, cámara de fotos y de video, mp3, radio fm, grabadora y no sé cuántas cosas más que no estoy segura de saber manejar algún día. Me aseguraron, eso sí, que con él podría hacer llamadas convencionales, que era lo único que yo pedía.
Llamé a la nena desde el viejo aparato, ése que estaba a punto de jubilar, para decirle que, en cuanto llegase a casa, tenía un trabajito para ella. Personalizarme el nuevo telefonino e intentar enseñarme a manejarlo yo solita. Porque puede parecer una tontería, pero estoy dispuesta a utilizar – aunque sólo sea una vez – cada una de las funciones, para comprobar que tanto mi iPod nuevo como mi cámara vieja son más funcionales y así reafirmarme en la idea de que un teléfono ha de servir, básicamente, para estar comunicada.
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23 diciembre 2007, 19:03