La hora del cóctel.
Escrito el 2 diciembre 2007 por amanda y clasificado como Cajón desastre,

Desde que entré a formar parte del club de lectura que mantienen el selecto grupo de ingleses – como oyente, pasará mucho tiempo antes de ser capaz de integrarme en sus conversaciones, aunque yo lo sigo intentando – no sólo he descubierto el atractivo de conjuntar té con libros (y pastitas), sino también que se han propuesto adentrarme en el sofisticado mundo de los cocktails y otras combinaciones que para mí habían permanecido ocultas en otros ignorados mundos.
Ayer tuve la tarde libre, después de muchos fines de semana ocupados en desplazamientos y cuestiones familiares que acaparan la mayor parte de mi tiempo de ocio. La nena tampoco estaba conmigo, así que me había comprometido a asistir a otra sesión de debate para la que, esta vez sí, aunque en castellano, había leído la novela. Compré unos gramos de bombones selectos, me di un baño precedido de mascarilla y depilación, me puse el libro bajo el brazo y acudí a casa de la anfitriona pasadas las cinco de la tarde.
Ya me había comentado anteriormente que pasaría la mañana recuperando y colocando los artículos navideños con los que todos los años decora cada una de las estancias de la casa por lo que no me sorprendí al ver el derroche de verdes, rojos y dorados con que me recibieron tanto la entrada como el salón. Los tertulianos que habían ido llegando, sobrios y elegantes, como nunca antes había visto yo a los británicos, acostumbrada como estoy a cruzarme con ellos por las calles de la ciudad con facha de auténticos guiris, habían ido tomando posiciones con sus copas en la mano. ¿Copas? ¡Otra vez había malinterpretado la convocatoria!
Cuando me ofrecieron un cocktail, con un nombre extraño aunque servido en una preciosa copa de flauta, casi no me atreví a aceptarlo a causa del color rosado que no me atraía en absoluto. Hasta que di el primer sorbo. ¡Dios! ¡Qué bueno estaba! A lo largo de la velada me tomé varios mientras les escuchaba debatir, no sobre la novela que yo pensaba que habíamos ido a comentar, sino sobre la próxima cena de navidad (en la misma casa y dentro de quince días) que también forma parte del tradicionario del grupo. Así que, aunque ahora mismo no sé muy bien dónde me he metido, estoy dispuesta a seguir adelante. Sabiendo, además, que en cada encuentro me esperan un sinfín de sorpresas.
¿El cóctel? Un Kir Royal. La receta, sencillísima: Unas gotas de crème de cassis en una copa de flauta que se rellena casi hasta el borde con champagne francés.
PD: Y días después de la cena, pasadas las fiestas, creo que me espera una atracción por la que hace tiempo siento una gran curiosidad. Hay términos ingleses que sí que entiendo y éste se repitió varias veces en el reducido grupo de mujeres maduras: tuppersex. Veremos, veremos…
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2 diciembre 2007, 20:11
2 diciembre 2007, 21:40