Luminosos, brillantes, coloridos.
Escrito el 19 noviembre 2007 por amanda y clasificado como Cajón desastre,

Los días más fríos suelen ser, para compensar, luminosos, brillantes, coloridos.
Ayer por la mañana me levanté tarde y perezosa. Era el primer domingo que estaba en casa en mucho tiempo y me apetecía dedicármelo por completo. Sabía que tal cosa no era posible porque estaba la nena conmigo y eso, aun sin querer, condiciona, de manera especial en los horarios. Desayuné como sólo los domingos puedo hacerlo – un par de veces con la mesa llena y sin prisas – de espaldas al reloj que suele marcar los movimientos mañaneros. Ella se tumbó en el sofá donde le gusta desperazarse lentamente, bajando antes las persianas que yo había levantado hasta el máximo para que la casa se llenara de esa luz de la que tan pocas veces ahora disfruto. Fue como la señal para que yo me pusiera en marcha, ya que no podía desperdiciar el estupendo día que prometía lo poco que había visto desde la terracita.
Después de lavarme me asomé al armario a elegir la ropa que iba a ponerme. Hace unas semanas me agobiaba el pensar que llegaría el frío y no tendría mis prendas de invierno en condiciones, porque con el ajetreo no había tenido ni tiempo de sacarlas de las bolsas en las que ha ido llegando desde la casa en la que anteriormente vivía. Ahora es algo bien diferente lo que me fastidia. La oscuridad, el clasicismo y el aburrimiento de la ropa con la que me vestía. De la ropa con la que me visto, porque de momento no puedo permitirme comprar demasiadas cosas nuevas. No me gusta la ropa de colores oscuros. No me gusta especialmente cuando hace frío. Ahora mismo no sé si antes me gustaba, si he cambiado por alguna razón que ni yo misma me explico, pero la verdad es que me deprimo cada vez que abro el armario y veo esos marrones, esos negros, esos verdes apagados, esos azules, todos casi negros, cuando lo que desea mi cuerpo es recordar el calorcillo del verano, en el que tan bien sientan los naranjas, los verdes pistachos, los blancos y los azules cielo.
De momento, sin embargo, me voy a conformar con unos cuantos fulares de colores luminosos, brillantes, veraniegos, que me ato al cuello y me protegen no sólo del rigor del frío en la garganta, sino de la sensación de aprisionamiento que últimamente me están provocando esas oscuras ropas de invierno que me hacen encogerme, creo que más de tristeza que de frío.
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