Persigámonos todos.

Escrito el 5 octubre 2007 por amanda y clasificado como ,

Me gusta Cristina Peri Rossi porque, entre otras cosas, es una gran cuentista.

Esta noticia no es nueva, tiene ya unos días de antigüedad, pero, sumida en otros intereses, no había encontrado el momento de hablar sobre ello.

Participaba como tertuliana en un programa de Catalunya Ràdio que se emitía a diario de madrugada. Aprovechando una reestructuración en el horario, fue despedida por no hablar catalán en un programa de catalanes. Cristina lo explica mejor que yo, por supuesto, por lo que al final del post copio y pego un documento elaborado por ella misma. Se originó un movimiento de protesta con manifiesto de adhesión incorporado, que ha llevado a la dirección de la radio pública catalana a replantearse la situación.

Esta persecución me ha recordado un artículo de Antonio Muñoz Molina que leí hace unos días en El País que me revolvió un poco la conciencia, no sólo por lo bien escrito que estaba, sino porque consideré que tenía más razón que un santo.

Acostumbrados como estamos en este País (Valenciano, aunque podría ser de Nunca Jamás) a persecuciones varias inspiradas en los más peregrinos motivos, apenas si hacemos caso, porque defendiéndonos de esas persecuciones a veces no tenemos ni tiempo, a las barbaridades que, en nombre unas veces de la cultura y otras de las tradiciones mal entendidas, se desencadenan a diario en los territorios que, por historia, deberían servirnos de modelo.

Persigámonos unos a otros y acabaremos por no saber ni de dónde venimos. Porque lo que está claro es que no tenemos ni idea de a dónde vamos.

(Aquí la versión de Cristina)

Persecución lingüística

Cristina Peri Rossi

Hace dos años Gaspar Hernández, periodista inteligente y culto, inauguró un programa en Catalunya Ràdio, Una nit a la Terra, que se emitía de una a tres de la madrugada. Cada noche había una tertulia sobre temas intimistas o sociales en la que participaban dos invitados: editores, escritores, filósofos o poetas. Era un espacio ameno, de buen nivel y aceptación, con diferentes puntos de vista. Gaspar me invitó desde el primer momento y yo acepté muy complacida, como tertuliana fija, una vez por semana. Todos hablaban en catalán, salvo yo, que lo hacía en castellano; nunca fue obstáculo para que nos comprendiéramos y parecía un modelo ideal de convivencia lingüística, sin rigideces, sin exclusiones. Entiendo, leo y traduzco del catalán desde hace muchos años, pero me expreso mejor en castellano (me ocurre igual con el francés o el italiano) y vivo en una nación que tiene la suerte de ser bilingüe. Así lo es en la calle, en el Metro y en la comunidad vecinal. Al inaugurar el segundo año del programa, Gaspar me felicitó, consideraba que mis intervenciones eran muy importantes para el éxito de audiencia. Y así seguimos un año más. He compartido tertulia con Luis Racionero, con Mercedes Abad o con Sebastià Alzamora. Este año, en septiembre, empezaba el tercer año, y Gaspar contaba conmigo. Pero sorpresivamente, coincidiendo con el cambio de hora y de nombre del programa, CCRTV (Corporació Catalana de Ràdio i Televisió) decidió prescindir de mi participación, dado que yo hablo castellano. Me consta que Gaspar Hernández y Joan Barril lucharon contra este despido, haciendo valer motivos de calidad profesional. No lo consiguieron. Se esgrimió como causa La Carta de Principios del 17 de julio de este año, fruto del acuerdo político entre Esquerra Republicana, CIU y el tripartito que recomienda la prioridad de invitados que hablen en catalán. El programa cumplía el requisito, dado que sólo yo hablaba en castellano, pero una exigencia oral reclamaba hablar sólo en catalán.

Habría que recordar que un reglamento no puede ir contra la ley, y que por el momento, y espero que también en el futuro, Cataluña es y será una nación bilingüe, por lo cual no se puede perseguir o expulsar a nadie de su trabajo por motivos lingüísticos. La libertad de expresión es un derecho constitucional que atañe a todos los ciudadanos y no se refiere exclusivamente al pensamiento, sino a las lenguas en que se emite. Una tontería es una tontería, da lo mismo en la lengua en que se diga, y una frase de Shakespeare suele ser una genialidad, en inglés, francés, castellano, catalán o checo. ¿Nos hemos olvidado de una verdad tan elemental o los intereses políticos prescinden del humanismo? Creo haber sufrido un claro caso de persecución lingüística, como otras veces, he sufrido persecución política, bajo la dictadura uruguaya o franquista. Los fascismos tienen algo en común: siempre son excluyentes. Excluyen por motivos ideológicos, de raza, de sexo…o de lengua. Y es paradójico que me ocurra a mi, Premio Ciudad de Barcelona de Poesía en l992 por el libro que se titula precisamente Babel bárbara y donde se exalta la diversidad de lenguas, la Babel mítica. ¿Paradójico o síntoma de los tiempos que corren? Quizás no sea casual. Quien defiende Babel es discriminada. Es posible que quienes perpetraron esta exclusión ni siquiera sepan que soy Premio Ciudad de Barcelona o que luché clandestinamente contra el franquismo y a favor del catalán desde Agermanament, hace muchos años. Los censores no suelen leer y tienen pésima memoria.


Comentarios

  1.   yabu

    6 octubre 2007, 19:11

    Anda, no me digas que está viva. ¿Y cómo es que no nos hemos pasado a tomar un café con ella? ¡Si vive aquí al lado!
    Tenemos esa pendiente, amanda.

  2.   Petrusdom

    9 octubre 2007, 13:35

    Estos señores aplican los mismos principios que imperan en los EEUU: una lengua única obligatoria, las otras (el español) a la calle…. Es decir, imponen principios políticos “imperiales” por encima de la idea misma de la cultura democrática: la tolerancia para poder compartir ideas diferentes.
    Una pena.

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