Categoría: Retrato-robot

Retrato-robot (epílogo)

Escrito el 26 julio 2005 por amanda y clasificado como ,

amanda, soñando



Uno setenta y cinco. Noventa-sesenta-noventa. Cincuenta y cinco quilos.
Esas no son mis medidas. Descontando unos centímetros aquí, añadiéndolos allá, sumando unos miles de gramos… conseguiríamos acercarnos un poco.
A mi cari le gusta lo que ve por las noches, antes de dormirse. A la nena le gusta lo que ve por las mañanas, recién despertada. A mí me parece bien todo el tiempo que permanezco consciente. Cuando sueño…bueno, ésa es otra historia.

Es costumbre en los talleres de autoestima que las actividades se desarrollen delante de un espejo. Reconciliarte con el reflejo de tu imagen es el primer paso para empezar a quererte porque, dicen, es lo más hermoso que vas a ver en tu vida. Y te lo has de creer.
La serie de retrato-robot ha sido para mí como ese reflejo. He tecleado, con mayor o menor fortuna en la redacción, lo que veo cuando me miro en ese espejo. Y los comentarios, todos, han conseguido lo que se propone el más exigente de los talleres. Que, además de conseguir resultados, haya sido divertido.

Comentarios

Retrato-robot (séptima entrega)

Escrito el 18 julio 2005 por amanda y clasificado como ,






Como todo el mundo sabe, hay cuellos y cuellos. Yo algunas veces no sé exactamente en cuál de las dos categorías encuadrar el mío, aunque, afortunadamente, las diferencias no son básicas. Creo que me inclino por la segunda, la de cuellos, porque no parece tan altiva, tan señorial, tan importante. Y es que realmente la función principal del cuello debe ser la de mantener la cabeza, excepto si es uno de esos días en los que pesa más de lo habitual, debido a circunstancias diversas, y hay que pedir ayuda a las manos para evitar que todo se venga abajo.
Ni corto ni largo, ni ancho ni estrecho, ni fuerte ni débil, con una buena musculatura, provocada por el ejercicio necesario para que la cabeza, casi, pueda moverse en todas direcciones. Mi cabeza no es de las arrogantes, siempre fija en las alturas, un poquito por encima de las demás, sino de las que no dudan en agacharse cuando la ocasión lo requiere, ni es de las que miran continuamente al frente, porque sabiendo que a mis espaldas ocurren un montón de cosas interesante, no tengo ningún reparo en girarla a la menor ocasión.
Debido, quizá, a tanto movimiento, algunas cervicales resentidas (nada que no se alivie con un poco de reposo y un buen masaje).

Y desde el que empieza, sin líneas divisorias, un bonito escote que, hasta hace no muchos años, escondía con pudor.

Comentarios

Retrato-robot (sexta entrega)

Escrito el 11 julio 2005 por amanda y clasificado como ,






Gelatina royal, así es como describiría la nena mis brazos si le preguntaran a ella. Aunque yo no le haría mucho caso, tiende a la exageración cuando de ponderar mis defectos y mis virtudes se trata. En cualquier caso, de gelatina (confieso que últimamente no tienen mucho tono), sería únicamente el par de brazos que está a la vista, no los otros pares que se supone debo tener cuando son capaces (esta vez sin exageraciones) de encomendarme mil y una tareas al mismo tiempo, sabiendo, además, que todas ellas serán asumidas y cumplidas. Porque he desarrollado, como tantos de nosotros, supongo, esa capacidad casi gadgetiana de poseer una sola cabeza pensante y multitud de brazos accesorios a los que nos vinieron dados de nacimiento, ejecutantes.
Aunque lo que más, lo que más me gusta de mis brazos, de mis auténticos brazos, esos que acaban en las manos que describía hace unos días, es la capacidad de abrazar, de envolver, de demostrar que, aunque de gelatina royal, tienen la suficiente fuerza para, con un solo gesto, abarcar todo lo que quieren, dar todo lo que ellos necesitan.

Comentarios

Retrato-robot (quinta entrega)

Escrito el 4 julio 2005 por amanda y clasificado como ,






¿Alguien dijo piernas?

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Ya lo había dicho en varias ocasiones. Fantásticas.

Comentarios

← Artículos anteriores