Categoría: Doce campanadas, doce deseos.
Campanadas (¡Doce!)
Escrito el 29 diciembre 2006 por amanda y clasificado como Doce campanadas, doce deseos.,
No hay reloj, no hay uvas, sólo estos pequeños aviones, volando hacia todos los destinos, cargados de ilusión y un único deseo: que se cumplan la mayoría de los vuestros, incluso los más secretos, y que no perdáis nunca, como yo no pienso perderla, la capacidad de seguir deseando.
Y, dentro de un par de días, comenzaremos de nuevo. Feliz, viajero y enredado dos mil siete.
He añadido, por si os apetece, la receta de un plato especial para esta noche. Con uvas, como no podía ser de otro modo.
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Campanadas (Once).
Escrito el 9 noviembre 2006 por amanda y clasificado como Doce campanadas, doce deseos.,
Sigo comiendo uvas y tomando copas de cava a destiempo, aunque, lástima, ya sólo me quedan dos. Acabas por acostumbrarte a esto de los deseos. Creo que me lo pido para el próximo año también.
En noviembre, el mes de mi (no) cumpleaños, el deseo es tan sencillo y asequible que incluso corre el serio peligro de no cumplirse: un día de fiesta, una tarta de chocolate, las velas justas, unas sonrisas y una sesión de spa y masaje, por favor.
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Campanadas (Diez).
Escrito el 22 octubre 2006 por amanda y clasificado como Doce campanadas, doce deseos.,
Casi se me pasa el mes y todavía no tengo el deseo decidido. Así las cosas, lo voy a regalar. Puedes pedir el tuyo. Procura que sea de los que se cumplen, no quisiera que se rompiese la racha de buena suerte.
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Campanadas (Nueve).
Escrito el 17 septiembre 2006 por amanda y clasificado como Doce campanadas, doce deseos.,
Para la campanada de Septiembre tenía dos deseos muy definidos, complementarios uno del otro. Se cumplió, el primero, cuando mi cari me dijo que sí, que íbamos a Cadaqués, y el segundo cuando Pau me dio la mano para ayudarme a subir a su barca, en la que estábamos a punto de salir a navegar.
Como esos dos ya no deben valer, porque no se pueden formular deseos a posteriori, me he visto obligada a pensar uno nuevo, aunque lo cierto es que éste también estaba cantado: que el otoño, simplemente, llegue, sin aplastarme un año más con su melancolía.
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